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ASEGÚRESE PERO TAMBIÉN ¡ASESÓRESE!

  • 30 jul 2016
  • 2 Min. de lectura

La cultura asegurativa en el país ha ido aumentando paulatinamente, sin embargo, aún no alcanzamos el nivel de otras potencias en la materia, en las que los seguros hacen parte incluso de la canasta familiar, al lado del arroz, el aceite y los huevos. Es por eso que es de suma importancia la concientización acerca de los beneficios de estar asegurados, comenzando desde nuestra propia vida y salud, hasta nuestros bienes y patrimonio. Es más común de lo que se cree, ver como las personas sufren accidentes automovilísticos y deben sufragar de su propio bolsillo no solo los daños del vehículo propio, sino los sufridos por terceros, viéndose así disminuido de manera considerable las más de las veces, su patrimonio; de ahí pues que las pólizas que cubren los riesgos de automóviles sean de suma relevancia, ya que por un precio que puede no ser superior a un millón de pesos anuales, se da cobertura a riesgos que pueden valer mucho más de cien millones. Igual ocurre cuando el siniestro se presenta dentro de una vivienda, destruyendo su contenido y la estructura misma, forma en la que muchas personas terminan por quedarse en la calle, viendo como los esfuerzos de toda su vida terminan mermados ante la ocurrencia de una desgracia como un incendio o un terremoto; si en este evento se hubiera contratado la cobertura con una Compañía de Seguros, bastaría pues con elevar la reclamación respectiva y esperar a que aquella se hiciera cargo del pago, permitiendo a los afectados volver a comenzar; y estos son solo algunos ejemplos de lo que sucede cotidianamente.

La necesidad de dar cobertura a los distintos riesgos a los que nos vemos sometidos, es latente, sin que ello implique que se deban adquirir pólizas a diestra y siniestra, pues es perentorio tener en cuenta que el seguro es un contrato, y por ende quienes lo suscriben quedan obligados a todo lo que se pacte. En ese orden de ideas, lo recomendable es realizar un análisis de las necesidades reales de aseguramiento, y asesorarse a profundidad frente a los riesgos, las coberturas ofrecidas, exclusiones, condiciones y costos de las pólizas, bien sea directamente con la o las compañías oferentes, o haciendo uso de las agencias e intermediarios de seguros, quienes se han establecido precisamente para brindar ese acompañamiento necesario durante las etapas pre, contra y post contractuales.

En síntesis, la adquisición de pólizas de seguro para cubrir los diferentes riesgos del día a día requiere un análisis previo y la asesoría de expertos en la materia, evitando de esta manera la compra de pólizas excesivamente costosas, que no se ajusten a las necesidades reales de los tomadores, o que se expidan de tal manera que su adquisición resulte siendo inocua por no brindar las coberturas requeridas.


 
 
 

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